miércoles, 4 de abril de 2018

Preguntas Generadoras Núcleo 1


¿Cuáles son los antecedentes  del proceso curricular que ha  atravesado la educación infantil colombiana?

Rta/=  EN 1844 Se habla por primera vez de la creación de las Salas de Asilo destinadas a los niños pertenecientes a los sectores más pobres de la población, en donde se dedicaban a proteger y cuidar físicamente a los hijos de los obreros, formarlos, educarlos y prepararlos para su ingreso a la escuela.

 EN 1851 Se fundó la escuelita campestre de Yerbabuena, donde por primera vez se realizaron actividades pedagógicas y recreativas para niños menores de seis (6) años, bajo una orientación muy marcada de la teoría de Froebel. La población infantil que asistía a la escuelita, provenía de pueblitos y veredas cercanas a Yerbabuena.

 A FINALES DEL SIGLO XIX En Colombia los primeros misioneros alemanes pedagogos comenzaron a difundir y promocionar las ideas de Federico Froebel, las cuales fueron muy importantes en la renovación y organización de la educación en el país, y lo que permitió la aparición de los primeros jardines infantiles.

 ANTES DE 1962 No existieron normas específicas para crear y poner en funcionamiento un establecimiento preescolar. Mediante la resolución 1343 de ese año, se entró a reglamentar por primera vez las inscripciones, solicitudes y documentos, directora, local, material didáctico, licencia de funcionamiento, etc., de los jardines infantiles.

 EN 1968 En el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, se crea el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para proveer protección al menor y procurar la estabilidad y bienestar familiar.

 EN 1976 Por primera vez se le reconoce estatus universitario a una actividad que tradicionalmente se le había considerado como algo que no tenía mayor incidencia en la formación y desarrollo del niño. Los métodos de Froebel, Montessori y Decroly ya eran conocidos en los centros académicos y educativos, a la educación preescolar no se le prestaba mucha atención en este sector.

EN 1978 Se crea la carrera de Licenciatura en Educación Preescolar en la Facultad de Educación de la Universidad Pedagógica Nacional. En los comienzos del proceso de la licenciatura tienen confusión en los programas, currículos y regímenes académicos de estas instituciones, ya que sólo recién en estas últimas décadas se entraron a definir algunas normas que buscaban unificar criterios en este terreno.

ANTES DE 1984 La educación preescolar se rigió por algunos modelos curriculares. Sólo recién a partir de ese año, mediante el Decreto 1002, se establece un plan de estudios que aún estaba muy lejos de constituirse en un principio orientador y organizador de esta modalidad educativa. En éste se entra a definir un plan de estudios.

 EN LOS AÑOS 1977 Y 1978 El currículo de la Educación Preescolar comenzó a gestarse, cuando por primera vez se tomó conciencia sobre la necesidad de darle a esta modalidad unos lineamientos para regular, orientar y organizar la actividad educativa y pedagógica de un establecimiento preescolar.

 EN 1987 Se dio a conocer el segundo documento, en donde se precisan las áreas y temas relacionados con el preescolar, permitiendo un currículo fundamentado tanto teórica como operativamente en lo que respecta al trabajo pedagógico.

 EN 1989 El gobierno nacional se suscribe a los términos y principios de la Convención sobre los Derechos del Niño adoptada por las Naciones Unidas. De igual manera, se adhiere en 1990 a la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño. El propósito en ambas era favorecer a la población infantil y crear conciencia sobre el tema de la familia, la infancia y su calidad de vida.

 EN 1994 FECODE, para la promulgación de la Ley 115, conocida como Ley General de Educación. Esta Ley señala los lineamientos para transformar la escuela, la enseñanza y el aprendizaje.

 EN LA ACTUALIDAD La ley 115 reconoce a la educación preescolar como un grado obligatorio y como un nivel educativo que tiene enorme importancia en la formación y desarrollo del niño.

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¿Qué criterios manejan actualmente las instituciones educativas al elaborar currículos para niños y niñas entre 3 y 7 años?


Rta/= Los objetivos importantes de los programas de preescolar ayudan a los niños a adquirir habilidades sociales y habilidades de aprendizaje. Aunque son beneficiosos para todos los niños, estos programas son particularmente importantes para niños en grupos en desventaja, ya que ayudan a guiarlos hacia un desarrollo más sano y les proporcionan las herramientas que necesitan antes de entrar en la escuela.

El cuidado y la educación temprana de calidad se han asociado con beneficios emocionales, sociales y cognitivos para el desarrollo de los niños pequeños en el corto y largo plazo. Al discutir sobre calidad, ésta normalmente se estima en dos dimensiones:
(1) variables de procesos (por ejemplo, la naturaleza de las interacciones de los niños con los cuidadores adultos)
(2) variables estructurales (por ejemplo, las características que pueden regularse por medio de políticas públicas) y que crean condiciones favorables para el desarrollo infantil, incluyendo la proporción de niños por adulto, tamaño del grupo y entrenamiento docente.1,2, En discusiones sobre la calidad, el currículo o el contenido de lo que se enseña a los niños, no ha sido el punto central de análisis hasta ahora.

Materia

A través de la evolución de la educación infantil temprana, el currículo ha sido mezclado y a menudo confundido con importantes temas relacionados entre sí (por ejemplo, creencias, pedagogías/teorías del aprendizaje y estándares/habilidades). El currículo difiere de, pero refleja los lineamientos o creencias sobre los niños y su proceso de aprendizaje.  Actualmente, existen tres creencias predominantes en esta área:
(a) los niños son competentes y aprendices ansiosos cuya curiosidad natural produce valiosas trayectorias de aprendizaje.
(b) los niños aprenden de una forma integral, por lo que los aprendizajes específicos de determinadas materias (por ejemplo, matemáticas, ciencias, lenguaje) se desarrollan mejor en un contexto de experiencias generadas por el niño (por ejemplo, cuando cocinan, trabajan en el jardín o construyen objetos).
(c) los niños necesitan entrar en contacto con todos los campos del desarrollo: emocional, social, cognitivo, motriz y físico, para que ninguno predomine sobre el otro.

El currículo también es diferente, aunque estrechamente relacionado, de las teorías del aprendizaje y las pedagogías. Las teorías conductuales del desarrollo infantil condujeron a modelos altamente didácticos de instrucción directa en los cuales los docentes normalmente presentan hechos aislados al conjunto de la clase. Las teorías de la maduración del desarrollo del niño, en las que se les permite desarrollarse a su propio ritmo, hicieron avances hacia una pedagogía y un currículo que permiten a los niños orientar su propio aprendizaje. La teoría constructivista del desarrollo del niño hizo avances hacia una pedagogía en donde los niños son copartícipes activos con su ambiente socio-cultural, incluyendo a los docentes y a sus pares.

Finalmente, el currículo es distinto de las habilidades y las conductas de los niños, pese a que las apoya. El objetivo del currículo es estimular el proceso de aprendizaje (por ejemplo, atención, observación, memoria), las habilidades cognitivas (razonamiento, comparación y oposición de conceptos, clasificación), y la adquisición de información específica (los nombres de los números y letras del alfabeto). En este sentido, el currículo en ocasiones se confunde con los estándares o expectativas de lo que el niño debería saber y hacer.

El currículo, entonces, debe ser claramente comprendido por lo que realmente es y por lo que contribuye al cuidado y educación tempranos. El currículo es el contenido de lo que se enseña y lo que se aprende.

Problemas

Existen tres problemas fundamentales para comprender la efectividad de los currículos en los programas de infancia temprana. Primero, hay una persistente falta de claridad sobre las diferencias entre currículo y pedagogía. Segundo, no existe una evidencia clara sobre la efectividad comparativa de currículos específicos; los esfuerzos realizados para comparar modelos curriculares no han identificado a uno como particularmente mejor que otro. Tercero, es difícil evaluar la efectividad del currículo dada su interacción con otros factores sociales y educacionales. Los resultados del niño son contingentes no sólo con el currículo, sino también con el temperamento del niño, sus antecedentes familiares, su clase social, las tradiciones culturales, y la cualificación y calidad del docente.

Contexto de Investigación

En medio de la búsqueda actual para lograr mejores resultados en los niños pequeños, existe un impulso creciente para cambiar la perspectiva desde una enfocada hacia todos los campos del desarrollo, a otra que fomenta un énfasis mayor en la lectoescritura, lenguaje y numeración. Los profesionales de educación temprana señalan haberse sentido presionados por los profesores de preescolar para que enfatizaran áreas curriculares académicas; ellos, a su vez, informan haber recibido una presión similar de parte de los profesores de primaria básica, para concentrarse en un rango de contenidos más limitado.  Tal cambio de enfoque se manifiesta formalmente en las nuevas orientaciones que conducen a los programas a poner mayor énfasis en estas áreas.

Preguntas de Investigación Clave

La búsqueda de currículos efectivos persiste, con el gobierno federal estadounidense actualmente financiando ensayos clínicos aleatorios para comparar diversos modelos curriculares que permitan determinar si uno o más currículos producen efectos educacionales significativos en las habilidades del lenguaje infantil, así como en capacidades de apresto a la lectura y matemáticas, cognición, cultura general, y competencia social al final del preescolar y durante el transcurso del primer año escolar.

Los niños son participantes activos y comprometidos. Los niños aprenden mejor al explorar y reflexionar sobre todo tipo de fenómenos. Por lo tanto, necesitan tomar parte activa de su proceso de aprendizaje, no sólo desde el plano cognitivo, sino también física, social y artísticamente. El currículo efectivo garantiza que los conceptos importantes se enseñen a través de proyectos, experiencias cotidianas, actividades colaborativas y un currículo activo.
Los objetivos están claros y son compartidos por todos. Los propósitos del currículo deben estar claramente definidos, compartidos y comprendidos por todos los adultos que participan en el proceso de aprendizaje infantil (por ejemplo, familias, docentes, administradores de programas). El currículo y las estrategias de enseñanza deberían ser diseñados para que ayuden al logro de los objetivos en una forma unificada y coherente.
Los docentes interactúan frecuente y significativamente con los niños. Como ya se mencionó, el currículo y los contenidos de lo que los niños pequeños necesitan aprender, conocer y ser capaces de hacer se vincula estrechamente con la pedagogía y la forma en que se imparten tales contenidos. Como consecuencia, la implementación curricular recae principalmente en los docentes y el carácter de la interacción maestro/alumno. La implicación de éstos con los niños también les permite evaluar regularmente los avances de cada uno de los niños y ajustar el currículo en el aula cuando sea necesario. Las estrategias pedagógicas y evaluativas efectivas recaen en gran medida en los niveles de experiencia de los profesores y sus antecedentes educacionales. Para apoyar una enseñanza efectiva, el currículo debería vincularse al proceso de aprendizaje continuo de los docentes.
El currículo se basa en las evidencias. El currículo debería basarse en la evidencia de lo que es relevante lingüística y culturalmente, y en cuestiones del desarrollo de los niños que van a experimentar el currículo. Debería organizarse alrededor de principios de desarrollo y aprendizaje infantil. Cuando se adoptan currículos específicos, éstos deberían cumplir con los estándares de las organizaciones profesionales relevantes (por ejemplo el Consejo Nacional de Profesores de Inglés (National Council of Teachers of English) o el Consejo Nacional de Profesores de Matemáticas (National Council of Teachers of Mathematics).
El currículo se construye sobre aprendizajes y experiencias infantiles anteriores.  El contenido e implementación del currículo debería construirse a partir de los aprendizajes anteriores individuales, en función de la edad, y culturales, e incluir a los niños con discapacidades. Además, el currículo debería fomentar la idea que los niños se benefician de sus familias y comunidades y apoyar a los niños cuyo idioma nativo no es el inglés para que construyan bases sólidas para el aprendizaje posterior. El currículo efectivo ofrece orientación, adaptación y estrategias específicas para diferenciar la enseñanza de las actividades del aula, de acuerdo a las características y antecedentes de los niños.
El currículo es integral. A pesar de las presiones para profundizar en lenguaje, lectoescritura y matemáticas, el currículo debería abarcar el conjunto de áreas del desarrollo incluyendo la salud física infantil, el bienestar y el desarrollo motor, el desarrollo socioemocional, las estrategias de aprendizaje, el desarrollo del lenguaje y cognición, y la cultura general. En lugar de adoptar un enfoque didáctico basado en la escuela en el cual cada sujeto aprende en forma y tiempos diferenciados, el currículo en el cuidado y la educación tempranos debería integrar explícitamente el aprendizaje a través de los distintos campos del conocimiento.
El currículo es congruente con estándares de aprendizaje y evaluaciones adecuadas. Progresivamente, los legisladores y profesionales en la materia están preocupados por el mejoramiento de las experiencias de aprendizaje infantil. Esta preocupación se manifiesta en la creciente atención a un enfoque sistémico y sistemático de responsabilidad que establezca resultados de aprendizaje específicos (es decir, estándares de aprendizaje temprano), una orientación sobre qué contenidos entregar a los niños pequeños (es decir, el currículo), y procedimientos evaluativos  que documenten el progreso infantil. Sin embargo, atender a cada una de estas áreas en forma independiente es insuficiente; se requiere de un currículo efectivo que sea congruente con los estándares y evaluaciones necesarios.

Implicaciones

Dada la diversidad de los niños pequeños en los programas educativos y de cuidado temprano, no es probable que se produzca ni que debiera producirse un consenso sobre la superioridad de un modelo curricular particular. El currículo efectivo descansa en el equilibrio entre una estructura claramente definida que afecte a todos los niños y la flexibilidad que permita la relación personalizada con niños, familias y aulas. Por lo tanto, la investigación curricular debe discernir las condiciones bajo las cuales algunos trabajos curriculares funcionan mejor para algunos niños. Específicamente, las investigaciones de la próxima generación deben buscar qué enfoques producen efectos educativos significativos, en qué campos del desarrollo, para cuáles niños, bajo qué condiciones sociales y con qué tipo de preparación profesional de los docentes. Más allá de,  pero incluyendo a la agenda de investigación, es crucial que se entienda el currículo como un concepto diferente de la pedagogía, pese a sus vínculos indisolubles en la práctica.

Conclusion

El currículo, es decir los contenidos de lo que el niño aprende, es crucial para apoyar y reforzar el aprendizaje y desarrollo infantil porque es la primera línea de las experiencias infantiles. El currículo es diferente de las creencias sobre los niños, la pedagogía, los estándares de aprendizaje y las habilidades infantiles. Sin embargo, es central no sólo para los beneficios que supone para el conocimiento y las habilidades infantiles, sino también para la aplicación de enfoques pedagógicos particulares y para la naturaleza de las interacciones docente/cuidadores y niño. Con un aumento progresivo de niños que asisten a programas educacionales y centros abiertos, acompañado de una mayor focalización en el rendimiento escolar, el currículo efectivo es fundamental. Además, en la medida en que la presión por la responsabilidad escolar aumenta, los niños deberán ser expuestos a los contenidos sobre el cual ellos y sus docentes rendirán cuentas.

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¿Cuál es el resultado de la falta de políticas serias y disciplina docente al diseñar propuestas curriculares para la educación infantil actual?

Rta/= La evaluación de las políticas educativas y los programas de educación básica Un aspecto que necesita tomarse en cuenta, permanentemente y con mayor continuidad a las acciones gubernamentales en el ámbito educativo, es reconocer la centralidad de la evaluación de sus políticas. Se trata de superar el esquema simple de medición y corroboración del alcance de sus objetivos en un lapso de tiempo, para pasar a un enfoque de sistemas complejos en el que se involucre una amplia variedad de variables y condicionantes de desarrollo o aplicación.
De esta forma, la investigación evaluativa permitirá producir información que coadyuve de mejor manera a la toma de decisiones políticas y retroalimente los programas emprendidos; nuevas acciones y programas fundamentados en evidencias sólidas, que no respondan a sugerencias de organismos internacionales, a ocurrencias de los responsables en turno o a presiones de diferentes orígenes.
Emprender este cambio permitirá valorar gran parte de las acciones y los programas de los que se necesita conocer sus resultados, como los dirigidos a la gestión escolar, los que corresponden a la participación social de los padres de familia y comunidades o los que deriven de los apoyos complementarios para la consolidación de aprendizajes, así como los que corresponden a materiales educativos, lectura, habilidades digitales, escuelas abiertas y de jornada ampliada, entre muchos otros, emprendidos o por iniciar.
El énfasis de las políticas para el mejoramiento de la calidad de la educación preescolar, básica y media ha estado en la construcción de proyectos institucionales y planes de mejoramiento.
La Ley 115 de 1994 otorgó a las instituciones educativas autonomía para formular un proyecto educativo propio. Gracias a estos proyectos las instituciones pueden construir una visión compartida sobre su misión, sus valores y sobre el tipo de educación con el que se encuentran comprometidas.
Por su parte, los planes de mejoramiento son un instrumento dinámico que, a partir del seguimiento permanente de los resultados, formula estrategias para el corto y mediano plazos.
En la educación superior se ha privilegiado la noción de aseguramiento de la calidad, entendida como el conjunto de acciones orientadas a promover, gestionar y mejorar permanentemente la calidad de las instituciones y programas de educación superior y su impacto en la formación de los estudiantes.
Este de proceso incluye:
(a) la definición y evaluación permanente de condiciones mínimas de calidad de programas e instituciones,
(b) la definición y evaluación permanente de condiciones mínimas de calidad de programas e instituciones,
(c) el desarrollo de programas de mejoramiento para programas e instituciones que no satisfacen las condiciones mínimas, y
(d) el uso de estrategias de inspección y vigilancia para garantizar la adecuada prestación del servicio educativo.
Todo lo anterior, sumando a un sistema de información que permite disminuir las asimetrías en el acceso a información sobre costos, calidad, absorción laboral, y demás variables pertinentes.
En el Sistema de Calidad de la Educación Superior, la evaluación de condiciones mínimas de calidad y la Acreditación Voluntaria apuntan al mismo objetivo -la garantía y el reconocimiento de la calidad- y pueden considerarse dos momentos de un continuo: la evaluación de condiciones mínimas de calidad conducente a lo que se conoce como Registro Calificado de Programas, es una evaluación ex-ante que hace énfasis en los insumos y recursos. La acreditación, en cambio, asume de manera integral insumos, procesos y productos y, aunque resulta de una evaluación externa, utiliza la 19 autoevaluación como punto de partida . El sistema se alimenta con información sobre los resultados de los estudiantes en los ECAES y el OLE, que dan cuenta, respectivamente, del grado de desarrollo de sus competencias, y su inserción en el mercado laboral.

Las competencias que se otorgaron a los gobiernos locales y a las instituciones educativas modificaron significativamente el rol del Ministerio de Educación y plantearon la necesidad de desarrollar la capacidad institucional del nivel central y de estas nuevas unidades autónomas de gestión. No obstante, subsisten aun limitaciones propias de la administración de los sistemas educativos en Colombia y en otros países.
Tradicionalmente el sector ha estado más orientado a administrar procesos, no a la obtención de resultados. A la restricción de recursos –que se agrava cuando son utilizados en forma ineficiente - se suman fallas elementales de la gestión tales como la ausencia de información, de procesos claros y sistemas de trabajo, la resistencia al cambio de los distintos actores involucrados y los múltiples intereses particulares que inciden en las decisiones. Todos estos son problemas comunes a las instituciones educativas desde el preescolar hasta la educación superior. Avanzar en la descentralización y la autonomía de las instituciones y en su modernización son los principales desafíos que enfrentará el sector en los próximos años, lo que derivará en un mejor servicio y una mayor responsabilidad de los distintos niveles de la administración del sector.
Esto implica:
(a) fortalecer la autonomía y la responsabilidad de las instituciones educativas mediante la definición precisa de los resultados que se esperan de ellas,
(b) fortalecer la gestión en todos los niveles de manera que estén en capacidad definir objetivos y planes estratégicos, asignar los recursos de acuerdo con prioridades, tener información suficiente y oportuna y utilizarla 45 Visión 2019: Educación para la toma de decisiones,
(c) contar con un liderazgo independiente y con organizaciones alineadas hacia el logro de los objetivos,
(d) administrar los recursos en forma eficiente y transparente, y rendir cuentas sobre los resultados de la gestión
(e) maximizar la participación de las comunidades educativas en función del bien general.

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¿Hacia dónde se debe orientar una propuesta curricular actual que sea verdaderamente dinámica?

El último aspecto analizado es el referente a la evaluación. Al respecto, en el documento Pautas para el desarrollo curricular se menciona que la evaluación ha de ser permanente durante el proceso. El reglamento de estudiantes de la Universidad menciona que se deberán realizar por lo menos tres evaluaciones durante un periodo académico, y que las evaluaciones tendrán un valor del 30% las dos primeras y 40% la última.

Se observa que hay incongruencias entre los planteamientos de algunos documentos, pues mientras unos se adaptan a la evaluación por competencias, el reglamento de estudiantes le da una visión muy cuantitativa centrada en los resultados, cuando lo más importante son los procesos y la calidad con que se desarrollan.

En cuanto a los profesores, resulta preocupante que cuatro de ellos manifestaron interés en medir o valorar los conocimientos que los alumnos habían adquirido en desarrollo de las clases, mientras que los otros cuatro mostraron interés en evaluar el desarrollo de criterio, el comportamiento ante situaciones reales, las destrezas y habilidades y el grado de desarrollo de las competencias propuestas. Evidentemente, la evaluación de conocimientos no responde plenamente al enfoque de competencias, por lo que se detecta una incongruencia en una parte de la población, que puede afectar el proceso de implementación de la reforma curricular.

Frente a cómo se hace la evaluación, se encontró que la mayor parte de los profesores usan pruebas escritas cerradas, que buscan establecer el nivel de desarrollo de competencias interpretativas, argumentativas y propositivas, a través de los contenidos teóricos de sus asignaturas. También se notó un amplio interés por evaluar a través del estudio de casos y de la realización de talleres prácticos, que por lo general se trabajan en grupos. Solo una persona reduce sus estrategias de evaluación a la comprobación de lecturas a través de exámenes tradicionales memorísticos. Este aspecto sí se corresponde con las percepciones de los alumnos, quienes manifestan que las evaluaciones más usadas por sus profesores del área son los exámenes escritos, las exposiciones y los exámenes orales.

Otro aspecto relevante es la articulación entre enseñanza y evaluación, en donde se estableció que los profesores la buscan evaluando únicamente lo que enseñan y poniendo énfasis en los temas más importantes. También, algunos mencionaron que la evaluación surge de los talleres que se realizan durante el proceso de enseñanza o son parte directa de los mismos. Al respecto, el 33% de los alumnos manifestan que siempre hay coherencia entre evaluación y la enseñanza y el 67% que casi siempre la hay.

A pesar de la percepción favorable, se nota una marcada tendencia a articular a través de los contenidos, dejando de lado otro tipo de puntos convergentes, como pueden ser los procesos, las actitudes, los valores, etc.

Finalmente, se observó optimismo por parte de los profesores en cuanto a la comprobación del desarrollo de competencias a través de la evaluación usada por ellos. Al respecto mencionaron aspectos como que el desarrollo del proceso de evaluación usando criterios claros permite comprobar el desarrollo de competencias, o que cuando el estudiante aprende haciendo es más fácil verifcar el nivel de desarrollo de las competencias propuestas. Un solo profesor mencionó no tener certeza al respecto, debido a su falta de experiencia.

Frente a esto el 24% de los alumnos consultados consideran que siempre las evaluaciones aplicadas permiten determinar el desarrollo de competencias, frente al 52% que consideran que casi siempre y el 19% que mencionan que nunca.

Si observamos detenidamente el qué evalúan los profesores, cómo lo hacen y cómo lo articulan con la enseñanza, podemos inferir que hay avances positivos, pero que es necesario perfeccionar los sistemas de evaluación basados en competencias.


















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